Extrajo la idea de analizar el trabajo, descomponiéndolo en tareas
simples, cronometrarlas estrictamente y exigir a los trabajadores la
realización de las tareas necesarias en el tiempo justo.
Este análisis del trabajo permitía, organizar las tareas de tal
manera que se redujeran al mínimo los tiempos muertos por desplazamientos del trabajador
o por cambios de actividad o de herramientas y establecer un salario por pieza
producida en función del tiempo de producción estimado, salario que debía
actuar como incentivo para la intensificación del ritmo de trabajo. Esto ayudo
a la planificación en los talleres, pasando
el control del trabajo de manos de los obreros a los directivos de la empresa y
poniendo fin al forcejeo entre trabajadores y empresarios en cuanto a los
estándares de productividad.
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